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domingo, 4 de diciembre de 2016

Primer libro en televentas

Los programas de televentas y los productos que promocionan me producen interrogantes. Con relación al programa, siempre me pregunto, ¿quién ve un programa de estos? Se puede decir: Más trasnochado o más desocupado que aquel que ve un programa de televentas. Pero también se comenta con frecuencia, todo lo promocionado en la TV, alguien lo ve, se antoja y lo compra. Puede ser.
Ahora, con tanto almacén disponible para vender cuanto invento se produzca y tanta vendedora de revista, vista hoy en oficinas públicas y privadas; ¿por qué un artículo es susceptible de ser vendido en un programa de televentas? ¿Qué características debe tener un objeto para ser promocionado en los famosos y no muy bien ponderados programas de televentas?
No tengo respuestas para las dos preguntas, pero con la escritura de mi libro, vislumbré que este libro tenía el potencial para ser promocionado en un programa de televentas.
Imaginaba un amplio set con una preciosa modelo que tiene el rol de una compradora interesada en un libro multifacético y un joven vendedor, con músculos para promocionar algo más pesado que un libro de crónicas y también interesado en mirar volúmenes, pero no literarios de la modelo.
Los actores hablando con el volumen y énfasis del que le habla a un pariente sordo, muestran las bondades de mi libro.
El libro sirve, obviamente, para leerlo, sobre todo si usted tiene el tiempo de los que ven programas de televentas o si esta trasnochado. Desde los papiros del mar muerto se sabe que leer libros produce sueño. La compra del libro le puede ahorrar el dinero de las píldoras para dormir.
El diseño del libro, al igual que otros artículos promocionados en televentas, fue cuidadosamente pensado para otros usos.
Este libro tiene el tamaño perfecto para acuñar mesas o escritorios viejos y descuadrados. Esa mesa o escritorio que usted va a eliminar porque cuando se apoya el tenedor para cortar la carne le hace desbordar la sopa al que está del otro lado o dañan la firma a todo aquel que lo use, puede ser puesto en uso acuñando la pata coja con este poderoso texto.
No es gratuito que el libro se promocione en diciembre. Ustedes tienen la oportunidad de dejarlo en su bolsita y entregarlo a esos personajes, recordados a última hora, que no clasificaron para la lista oficial de regalos.
Fundamental el tipo de papel usado para este novedoso libro. Es inflamable, pero de combustión lenta, excelente para prender fogatas o asados. Importante, la tinta usada no produce gases tóxicos, de manera que los alimentos preparados en el asado no cambian su sabor.  
Finalmente, si no encuentran qué hacer con el dichoso libro, todavía tienen la posibilidad de enviarlo a parientes venezolanos con problemas para resolver necesarios y fisiológicos menesteres.




domingo, 2 de octubre de 2016

Seguridad económica

Los tiempos cambian, hasta hace pocos años los matrimonios entre personas jóvenes se producían sin la mayor preocupación; de la misma forma, eso que hoy llamamos planificación familiar poco se tenía en cuenta; el refranero popular dejaba el concepto claro, los hijos nacían con su arepa bajo el brazo. Los matrimonios eran a diario y las familias numerosas. Hoy, la tendencia a contraer matrimonio disminuye y las edades de los contrayentes son más avanzadas. El número de hijos, a su vez, también es menor. Pareciera que los hijos de las familias de hoy traen bajo el brazo cuentas de cobro y no arepas o panes.
En una nota anterior comentábamos que para los jóvenes de hoy las prioridades son el éxito económico y la estabilidad financiera. Las nuevas generaciones antes de pensar en la boda, en los hijos y en la aventura de conformar una familia piensan como evitar problemas económicos. En pos de conseguir la anhelada estabilidad económica los futuros jefes de hogar leen Padre Rico, Padre Pobre; Quien se robó mi queso; Hay que matar a la vaca y cuánto libro de superación financiera llegue a sus manos.Sin embargo, aunque todos los testimonios publicados auguran los mayores éxitos derivados de la lectura de estos libros, las parejas continúan con los mismos problemas económicos. Pareciera que las recomendaciones financieras propuestas por los autores no son fáciles de adoptar.En esos momentos los amigos y allegados de la pareja con apuros económicos recomiendan cambios en la estrategia; se propone explorar otras fórmulas, otros negocios, quizás otras quimeras. Les ofrecen negocios como las ventas por multinivel. Amway, Omnilife, Avon y otras tantas empresas ofrecen mejorar las finanzas familiares y obtener la anhelada seguridad financiera. Finalmente, luego de leer los "Best Sellers" que garantizan una economía boyante, de explorar varios negocios y de pagar por asistir a talleres de éxito económico al futuro padre de familia le queda claro un viejo concepto: los huevos se reparten en diferentes canastas. El problema es que sacando los dos que vienen en la dotación, el nuevo papá tiene un solo huevo, su trabajo. Se recomienda entonces, buscar un negocio paralelo a las actividades laborales que sirva para tener otros ingresos, otros huevos. La cosa se dice y se piensa fácil pero lo difícil es concretar el negocio exitoso. Yo también compré libros que ayudan a encontrar el éxito, exploré alternativas de diversificación financiera y como es fácil suponer no concreté ninguna. Aunque luego de escribir esta nota veo con claridad la solución a los problemas económicos y la forma de asegurar la estabilidad financiera. Voy a escribir un libro de autoayuda.

sábado, 21 de mayo de 2016

Papi necesito una cosa

carteles buscalo wiki procrastinar quedaras atonito desmotivaciones

Un técnico en electrónica, contactado una mañana de domingo, para reparar un daño ocurrido a última hora en el internet de nuestro hogar, me hizo caer en la cuenta de una situación que se presenta con gran frecuencia en la cotidianidad de los hogares. 
Para ambientar el problema hago una pregunta a los amigos lectores sin esperar su respuesta: ¿Qué tienen en común un libro de Platero y yo de editorial Norma, un compás, cartuchos para impresora, cartulinas de diferentes colores y tamaños, un técnico para arreglar equipos de electrónica, un registro civil de nacimiento, o un disfraz del hombre araña?
La respuesta acertada es que los hijos anuncian la necesidad de alguno de esos objetos para el día siguiente a primera hora. Como pueden imaginarse, el pedido siempre llega cuando el objeto o persona no pueden ser adquiridos o localizados. El problema se presenta como un dolor de muelas, siempre que no lo esperas. En una angustiosa y apremiante llamada, hecha justo cuando llegas a casa después de una ardua jornada de trabajo, te dicen la fatídica frase “Papi necesito una cosa” que, pronunciada en tono inofensivo, anuncia el faltante o el daño.
Entonces a correr para conseguir la tal o cual cosa que debe ser llevada mañana a primera hora. Localizar al técnico en electrónica dispuesto a reparar el daño del internet, notado a las 9:00 pm. Toda la familia entra en acción con tal de conseguir el objeto faltante o localizar a quien pueda arreglar el daño de última hora.
Hay relación directa entre el grado de dificultad observado para encontrar el objeto y la fecha y hora de su solicitud, de manera que un pedido extemporáneo de festivo a las 9:00 pm o de lunes a las 6:30 am resulta inalcanzable.
Gracias al advenimiento de los supermercados y droguerías que tienen abiertas sus puertas las 24 horas, los pedidos a destiempo relacionados con estos campos ya encontraron la solución. El mercadito de los pobres o de los trabajadores, unos chocolates para el día del maestro, las toallas higiénicas, las cuchillas de afeitar y los medicamentos para la presión dejaron de ser un problema de procrastinaje familiar. Problema que no es de ahora, al mencionar las cuchillas de afeitar, recordé una ingeniosa propaganda radial de hace muchos años que les dejó de colofón para esta nota: ¿Tiene cuchillas Gillette para mañana? Recuerde que en el baño no las puede comprar......













viernes, 19 de febrero de 2016

Claves de seguridad

Presento de antemano mis sinceras excusas a los amigos dedicados a la informática. Escribo esta nota sin ánimo camorrero. Este comentario lo hago con el mejor sentido "altruista", dirigido a disminuir el consumo nacional de claves de seguridad para acceso a los sistemas de las empresas. Así es, mis amigos informáticos: si no tomamos cartas en el asunto, se acabarán las claves de seguridad y el país se verá obligado a, por ejemplo, importar claves, perjudicando la ya maltrecha balanza nacional de importaciones y exportaciones. 

Para los que todavía no captan el mensaje para los amigos informáticos, me refiero a que estoy preocupado porque cada mes tengo que cambiar las claves de seguridad para acceder a los computadores de los sitios en donde trabajo. En realidad, el término preocupado es un cordial eufemismo - lo que estoy es mamado de cambiar claves todos los meses por "razones de seguridad".

Tal vez ingenuamente me pregunto: ¿para qué tantas claves y tantos recambios? ¿Será para que no se roben una historia clínica digital? Entonces viene la pregunta obvia: ¿es necesario robar una historia clínica? La respuesta a esta última pregunta es un no rotundo. Las historias pululan por todas partes. Recuerden ustedes que para el más mínimo trámite en salud exigen la historia impresa - para luego ni mirarla. Las historias quedan por allí sueltas, sin doliente, a merced de todo aquel que quiera leerlas. Por otro lado, los pacientes le cuentan a todo el mundo lo que tienen. Tome asiento por un rato en una sala de espera y verá, o mejor dicho, oirá a todos los presentes contarse sus achaques sin el menor temor.

Mis amigos informáticos dicen que los hackers aprovechan cualquier oportunidad para robar información y así meter sus narices - o mejor, sus manos - en las cuentas de los hospitales. Puede ser. Pero si se trata de hospitales, esos hackers lo que van a encontrar es cuentas por pagar y saldos en rojo - como si no estuviera suficientemente clara la situación económica de nuestros hospitales.

El hecho es que, con el amenazante argumento aquel de "por razones de seguridad", se dispara una paranoia colectiva que obliga a cambiar las claves con toda clase de enrevesadas condiciones: combinaciones múltiples de mayúsculas con minúsculas, combinación de números con letras, tantos caracteres, etc, etc. Se vuelven tan "seguras", que no hay manera de recordarlas, lo que obliga a sacar otra y otra. Como la dichosa clave no debe olvidarse, toca echar mano de los cumpleaños, fechas especiales, nombres de los hijos, etc. Igual son agotables. Ya va tocar usar nombres de novias o sus teléfonos, y eso sí puede poner en peligro la seguridad nacional. Se acaban las claves, se los aseguro, y en ese momento tendremos verdaderos problemas de seguridad.


sábado, 2 de enero de 2016

Las fotos del álbum

La sabiduría popular dice que debemos aprender de nuestros errores y aceptar cuando nos equivocamos. El cuento viene a que siempre fui reacio a posar para fotos. Razones no tengo concretas, quizás por lo poco fotogénico, quizás por mí resistencia a la farándula, en todo caso con relación a las fotos prefiero tomarlas y no salir en ellas. Pero algunas circunstancias recientes me hacen caer en la cuenta de la importancia de tomar fotos y salir registrado en ellas, no importa lo poco fotogénico.  En estos últimos años las reuniones de egresados de universidad y colegio, desempolvaron fotos de álbumes guardados en viejos y olvidados anaqueles. Estas fotos se convirtieron en el combustible para encender la máquina del tiempo. Resultó en una amalgama justa de nostalgia y de humor que le dio vida a los encuentros.
Las fotos son un documento inigualable para registrar el paso del tiempo. Quedan para la posteridad las modas en el vestuario, los cortes de cabello, el tipo de maquillaje, los accesorios, todo lo registrado nos evoca una historia, un momento, una época. No solo por los protagonistas de la foto, también por el entorno, la locación nos trae recuerdos. Total, si no sales en las fotos te pierdes de hacer parte de la historia gráfica. Y aquí resulta otra diferencia entre el arte y las circunstancias de tomar fotos a la antigua y el método actual con aparatos digitales. Las fotos de papel se sabe dónde están, álbumes, cajas dentro de un clóset hasta debajo de un colchón. Al verlas se pasan de mano en mano, se palpan, se disfrutan. En cambio las fotos actuales reposan en memorias USB y demás aparatos electrónicos que no se sabe si funcionarán o donde estarán cuando sean requeridos. Porque la gracia de ver fotos es cuando ya no valen las circunstancias en que fueron tomadas, lo importante es el recuerdo. Y del anterior comentario se desprende otro aspecto. Las tomas actuales se eliminan con facilidad cuando no gustan y no lucimos como deseamos, con un click basta para desecharlas. Se pierde la naturalidad. Las fotos viejas quedan y hasta el negativo sirve para rescatar esa imagen que nos muestra tal como somos, al natural, sin retoque, sin Photoshop. De manera que estas últimas producen risa, nos arrancan una lagrima, son las fotos que hacen historia.
Sinceramente quiero equivocarme pero el pronóstico es que las reuniones de egresados y las visitas de familiares en los años venideros serán muy aburridas por la ausencia de las fotos del álbum.  

lunes, 20 de julio de 2015

Los años

Los años.
Con el ánimo de producir sonrisas un amigo preguntó por la definición de persona joven. La respuesta es un tanto inesperada pero se ajusta a la realidad. Joven es aquella persona con diez años más o menos que tú.  Aunque el apunte tiene un propósito humorístico, la respuesta induce profundas reflexiones. Percibir y asimilar el transcurrir de los años debe ser un acto de ocurrencia natural, finalmente nunca dejamos de envejecer. Sin embargo, el paso de los años no se asume con la naturalidad requerida. Se prefiere ignorar el inevitable paso del tiempo y mantenerse en un estado de juventud eterna.
Obviamente algunos hitos de la fisiología humana y del desarrollo social sirven como puntos de reparo para separar las etapas del crecimiento y mostrar el paso de la vida. Algunos ejemplos sencillos nos recuerdan esos momentos de cambio, el desarrollo sexual, la puntualísima presbicia, la celebración de los quince años, recibir el grado del colegio o de la universidad son eventos relevantes que marcan fin e inicio de las etapas. Pero fuera de esos hechos relevantes y quizá algún otro evento olvidado a propósito, el resto de la vida transcurre sin mayores sobresaltos en un estado de juventud permanente. Del inexorable envejecimiento solo tenemos noticia cuando tomamos perspectiva y en ese instante es cuando caemos en la cuenta, me estoy poniendo viejo.
La toma de perspectiva se produce cuando se viven ciertas situaciones que nos abren los ojos, momentos en donde percibimos que el tiempo pasa. Cuando los amigos dejamos de encontrarnos en bares y clubes nocturnos para comenzar a encontrarnos en las reuniones de padres de familia, después en los grados y en los matrimonios de los hijos. El inevitable paso del tiempo nos lleva entonces a las funerarias, para acompañar a los amigos en la despedida de los padres y después con cada vez mayor frecuencia a nuestros propios amigos.
Estos trascendentales momentos reveladores del transcurrir de la vida afortunadamente no son tan usuales. La cotidianidad, en cambio, nos presenta situaciones de aspecto trivial que recuerdan la marcha ineluctable de los años. El próximo viejo de la familia se anuncia con frases bien reconocidas. "Ya las cosas no son como antes" "cómo pasa el tiempo de rápido" "ya los estudiantes no son como antes". La sociedad también empieza a reconocer el impacto de los almanaques. Por ejemplo cuando el empleado del banco te invita a tomar la cola reservada para los clientes de la tercera edad. Que decir cuando la jovencita de falda inusualmente corta, tacones altos y mirada coqueta se acerque a usted y sin pudor le dice: señor, mejor siéntese usted. El paso del tiempo se ve hasta en la forma de prepararse para un viaje. Aquellos que no olvidan empacar en su maleta whisky y preservativos deben ser unos años menores que aquellos que se acompañan con un buen libro y estos a su vez menores que aquellos que viajan con el botiquín de “ANTIS”, antihipertensivos, antidiabéticos, anti ulcerosos, anti anginosos, antidiarreicos y hasta algún anti envejecimiento.


domingo, 31 de mayo de 2015

La casa médica

Todas mis pertenencias cabían y sobraba espacio en una maleta de "cuero" chino, que por china había soportado el uso y el abuso. Era de la tía Magola, la usaba para enviar desde Miami baratijas de contrabando. En uno de esos ires y venires resultó el viaje en búsqueda de un rural quien sabe en donde, con escala en Bogotá por quien sabe cuántos días. Se requería una maleta con capacidad y por eso tomé prestada la maleta contrabandista. Total, con libros, ropa de cama y pertenecías, la maleta de la tía hizo el que a la postre seria su último viaje de la "suite" a la residencia de los rurales. 
La casa médica era un lugar que podríamos llamar sui géneris, tres cuartos, dos baños, sala, cocina y patio como cualquier vivienda en Colombia, la diferencia estaba en la distribución. Entrabamos por una gran puerta metálica de color verde franqueando un garaje, de manera que por fuera parecía la entrada de un taller. La puerta de acceso una vez pasado el garaje, se abría a un largo pasillo lateral que servía como eje tutelar de la casa, a un costado las habitaciones y al otro costado lo que podríamos llamar patio. El techo por consiguiente solo cubría la parte del pasillo que correspondía con las habitaciones de manera que cuando llovía, el piso se mojaba y los insectos llegaban irremediablemente. Al entrar primero encontrábamos el cuarto de Patricia la bacteriológica que por ser la más antigua del grupo, ocupaba el único cuarto con baño y sin ventanas de esta casa. Contiguo al cuarto se encontraban en el siguiente orden: el baño principal, la cocina, dos cuartos contiguos sin clóset y finalmente la sala, el patio de la casa corría en forma paralela con el pasillo, convendrán en que la distribución es al menos no usual. Otra particularidad consistía en que desde la sala y subiendo unas escaleras se llegaba a una sencilla pensión de las que abundaban en Arauca por esas épocas. Lo bueno de la pensión era que tenía teléfono con servicio de larga distancia y la dueña no se molestaba en pegar un grito con el nombre del beneficiario de una llamada familiar. 
El mejor lugar de la casa era el pasillo, en las noches la fresca temperatura invitaba a usar una hamaca arrulladora y muchas veces cómplice que acogía a los habitantes de la casa sin mucho recato.
La casa podía albergar siete personas aunque en muchas noches la cifra aumentaba con la visita de algún amigo o amiga que ayudaba a tolerar la soledad del rural. Me alcance a preocupar cuando hice las cuentas, Piter y otros tres médicos rurales, dos enfermeras y una bacterióloga, total siete y conmigo ocho, no había cupo. Pero el destino como siempre se encargaría de cambiar las cosas para permitir que estos dos compinches amigos siguieran adelante. Resultó que los otros tres rurales tenían, por diferentes razones, lugares de habitación que les resultaban más favorables que la casa médica, de manera que se hacía necesaria la presencia de otras personas que pagaran el alquiler y allí estaba yo con mi maleta.
Con mi llegada la nómina de habitantes de la casa reflejaba la diversidad de regiones, dos médicos costeños, dos enfermeras rosaristas, más rolas que el ajiaco santafereño y una bacterióloga paisa bien raizal, que por ser la de más tiempo en el hospital llevaba la batuta de la casa y dictaba las necesarias normas de convivencia. El cupo restante pronto seria llenado.
Durante nueve meses conviví en esa casa con un grupo cambiante de jóvenes profesionales llenos de expectativas que llegamos a ejercer nuestras profesiones con el entusiasmo de la primera vez y que fuimos marcados de alguna forma por la preciosa tierra llanera.

Los rurales

La sorpresa fue mayúscula, el médico de apellido raro y de nombre Piter, resultó ser mi compañero de colegio y de universidad, recuerdo que el último día que hablamos nos despedimos como siempre, como sí nos fuéramos a ver en unos días, quien lo hubiera creído una semana después, sin planearlo y por diferentes vías llegamos a la casa médica de Arauca.
Para aquellos tiempos los médicos que cuidaban la salud en muchas zonas del país eran los médicos rurales acompañados por médicos generales. Arauca la capital de la intendencia con aproximadamente veinticinco mil habitantes tenía algo así como trece médicos para resolver los problemas de salud. Dos cirujanos generales completaban la nómina de facultativos. En ese entonces las riendas del hospital eran llevadas por cuatro rurales, es decir hacían los
turnos, manejaban los pacientes hospitalizados, atendían la urgencia y consulta externa, lo hacían todo.
Mientras tanto mi trabajo como rural del Subsidio Familiar de la Caja Agraria se limitaba a una consulta externa en horario de oficina y algunas charlas educativas en las empresas afiliadas. La verdadera limitante consistía en que la consulta era exigua, la falta de médicos que se vivió durante meses produjo pérdida de confianza en los afiliados dejando de asistir. En una semana de rural ya había consumido buena parte de los temas que tenía para estudiar y el aburrimiento empezaba a producirme efectos de los cuales después me tendría que arrepentir.
Estudié medicina para ejercerla y no para sentarme en un escritorio a esperar que llegaran los enfermos, el recurso de ir a buscar pacientes era un trabajo para los empleados administrativos, yo quería acción. Piter habló con el director del hospital y los otros rurales, todos aceptaron. Empecé asistiendo a la revista matutina de los pacientes hospitalizados y posteriormente tomé una secuencia de turnos. Llegué a tener tanta acción, que termine haciendo más turnos que los rurales de planta.
El temor de enfrentar a los "genios" sabelotodo del interior se presentó cuando me presentaron a los otros rurales, dos de ellos eran de la Javeriana y otro de la UIS, sin duda excelentes facultades que dejan una impronta en sus egresados y estos la tenían y la hacían notar. Pero a la hora de trabajar y ver pacientes tenían los mismos problemas que yo tenía y sabían lo mismo que yo sabía luego no había diferencia entre unos y otros, ni ellos eran genios ni yo era un ignorante.

sábado, 2 de mayo de 2015

Gastronomía, carrera exigente

La gastronomía se puso de moda y de qué manera, hasta hace pocos años en los miembros de las familias de tradición estudiar cocina, se podía relacionar con montar la competencia de Haceb o Centrales, a ninguno se le pasaba por la mente que los herederos se podrían dedicar al arte culinario. Es que en Colombia los modelos a seguir en el campo de la gastronomía no existían, el único referente con pergaminos fue Segundo Cabezas, un chef del pacífico nariñense, entrenado en la academia Cordon Bleu que ocupó todos los cargos posibles y hasta programa de televisión tuvo. Saúl García, que no era chef, hizo un programa de cocina para el mediodía con alguna figuración pero nada relevante como para ser emulado por un hijo de una familia "bien". Hoy, cuando los chef dotados con espléndidas cocinas, se tomaron la parrilla de la televisión con programas bien elaborados y los restaurantes de alta cocina producen buenos réditos, ser "Chef" se volvió una carrera con futuro.

Claro está que una cosa es la escenografía de la televisión y otra muy distinta la realidad de la cocina diaria. Me refiero a que estos programas son un tanto irreales, las cocinas son del tamaño de un apartamento moderno, están tan equipadas como un Home Depot, brillan como marquesina de las Vegas y tienen más ingredientes raros que cualquier supermercado Gourmet. Sin embargo, el problema verdadero está en el desarrollo del programa con el plato escogido para ser preparado, pues independiente del nivel de complejidad, siempre hacen la receta en treinta minutos, el chef pica y prepara todo, sin ayuda. No es cierto, todos los que cocinamos sabemos que en treinta minutos y con propagandas se puede preparar bien un desayuno de hombre separado, café con leche, cereal con yogur y fruta picada y si se te antoja algo adicional, se pide a domicilio.
En todo caso, gracias a los “reality show” locales y extranjeros hemos aprendido que ser cocinero en jefe, es mucho más que preparar comida rica, es una carrera exigente, que por lo visto se “nutre” en el rigor militar, “Si Chef”, que necesita de una “mezcla homogénea” de compromiso y dedicación, “marinada” con una gran dosis de buen gusto, para que traiga como resultado un Chef “bien preparado” que ejerza la deliciosa y liberal gastronomía.