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miércoles, 18 de septiembre de 2019

Una jugadita por amor de Dios


Los dirigentes del fútbol están preocupados por las bajas asistencias a los estadios y las pobres audiencias registradas en los partidos nacionales televisados. Ante esta situación la pregunta obvia es ¿Qué tipo de espectáculo futbolero esta usted dispuesto a pagar por ver? La respuesta es muy sencilla: fútbol de calidad. No se quieren ver juegos de resultado. El público dispuesto a pagar puede perdonar las derrotas, pero tolera poco el fútbol resultadista y menos el mal fútbol.

El buen fútbol lo escuché primero, no tenia ni la edad ni los recursos para ir al estadio, eran los tiempos de la radio. La narración del negro Edgar Perea me mostraba el juego excelso de Víctor Ephanor, el diablo Caldeira y otros que jugaron en el Junior de principios de los 70. El proceso siguió con el gran Juan Ramón Verón, Julito Comesaña y el equipo de los obreros que le dieron a Junior su primera estrella el 14 de diciembre de 1977.

Aclaro que mi grado de futbolero fue con honores, lo recibí en el estadio metropolitano de Barranquilla un 19 de diciembre de 1993 durante un encuentro entre Junior y América por el campeonato de ese año.

Para que se  den una idea del tipo de futbol visto en esas épocas, en ese partido jugaron 5 figuras del famoso 5 a 0 contra Argentina(5 de septiembre de 1993). Jugaron el Pibe Valderrama y Alexis Mendoza por junior y  Oscar Córdoba, Wilson Pérez y Freddy Rincón por el America.

Los once titulares fueron por Junior: José María Pazo; Góber Briasco, Francisco Cassiani, Alexis Mendoza, Eugenio Uribe; Luis Grau, Oswaldo Mackenzie (Robert Villamizar, 91'), Víctor Danilo Pacheco, Carlos Valderrama; Iván René Valenciano y Miguel 'Niche' Guerrero

El DT: Julio Avelino Comesaña
Los goles de Junior: 'Niche' Guerrero (57' y 76') y Mackenzie (90')

Los once de America: Óscar Córdoba, Antonio Moreno, Jorge Bermúdez, John Jimenez, Wilson Pérez; Néstor Villarreal, Wílmer Cabrera (Hárold lozano, 72'), Fredy Rincón, Alex Escobar; Antony de Ávila, Albeiro 'Palomo' Usuriaga
El DT: Francisco Maturana
Los goles de America: Alex Escobar (40') y Wilson Pérez (79', tiro penal)

Con esos antecedentes, estoy dispuesto a pagar por un fútbol de toque rápido que siempre busque el arco contrario, quiero ver fintas, desbordes, pases filtrados que terminen en gol, tacos inesperados con destino correcto, quiero ver el túnel grosero, la chalaca voladora, la rabona que termina en gol. Pago por ver a un equipo que ponga el balón como un corozo. Si ese equipo juega así y gana, muy bien. Si pierde no importa, otro día será, los otros tampoco son mochos y si nos ganaron fue porque hicieron también lo que me gusta, jugaron buen futbol.

La verdad no quiero ver equipos ganadores con anti-fútbol, no quiero la táctica del murciélago, lesionar al virtuoso, perder tiempo. No quiero ver tampoco esos jugadores “acaba ropa” de gran talla, de juego fuerte, buenos para obtener resultados sin importar mucho la técnica. No puede ser que el número 10 en los equipos esté en vías de extinción.

Este comentario escrito por la nostalgia del buen fútbol me sirve como obituario del versátil periodista deportivo Abel González Chaves. Abel, testigo de la llegada de aquellos protagonistas del buen juego imploraba desde su programa a los jugadores y técnicos actuales una jugadita por amor de Dios. Eso pedimos y eso queremos pagar los fanáticos actuales: futbol de calidad y no de resultados.

 

 


sábado, 29 de diciembre de 2018

El aguacero

Había que correr, lograr un buen puesto en la tribuna y evitar la mojada producida por el inminente aguacero era sin duda pretencioso, pero había que intentarlo.
Miguel y yo, teníamos boletas para el partido Colombia contra Ecuador por las eliminatorias. Como buenos colombianos y costeños decidimos ir en combo, el día resplandeciente invitaba a un buen plato deportivo y familiar, era la primera vez que asistía con él a un partido de la selección. El combo, completado con dos colegas, salió retrasado para el estadio como era de esperarse cuando se trata de integrar las voluntades de un grupo con ánimo festivo. La tarde que lucía espléndida a la hora de salir con tiempo, comenzó a oscurecerse durante nuestro tardío tránsito hacia el metropolitano. "Que vaina, va a llover" pensé mientras veía como negros nubarrones se acumulaban justo encima de nuestro destino. 
¿Qué hacemos? ¿Dónde parqueamos? Preguntas inútiles cuando estás consciente de lo que viene pierna arriba. Parqueamos lo mas cerca que el retraso permitió, al salir del auto el olor a lluvia y la brisa fría presagiaban un fuerte aguacero. Las primeras gotas eran tan grandes que levantaban tierra al caer. Todo el mundo corría buscando donde guarecerse, pero no había refugio posible, corrimos hasta donde pudimos y sólo el final de una inmensa cola nos detuvo. 
Todavía hoy me pregunto ¿cuál fue el motivo para quedarnos al final de una cola a la intemperie en medio de semejante aguacero? Ahora, no éramos los únicos, de la cola hacían parte todos los personajes que se ven usualmente por estas ocasiones. Los integrantes de la cola decidieron disfrutar el aguacero, menos yo. Seguramente ninguno de ellos fue niño asmático con madre protectora. En mi cabeza retumbaban las recomendaciones de la infancia: "no te mojes con agua lluvia" "no te serenes”, “te vas a apretar". Para acabar de ajustar, los rayos no se hicieron esperar. Cada trueno me hacia recordar una conferencia del maestro Rosselli sobre la mortalidad por tormentas eléctricas. Miguel, mientras tanto, guardaba un prudente silencio, seguro notaba mi angustia ambivalente, salirse de la cola y perder el puesto o pescar un resfriado o un rayo. La respuesta no admitía ninguna duda, seguíamos en la cola.
No sé cuanto tiempo duramos en la cola recibiendo agua a cántaros, lo que sí sé es que todo se mojó. Resultaron damnificados por el diluvio boletas, billetes, zapatos y mi celular que literalmente murió por ahogamiento. Los principales damnificados, sin embargo, fueron mis hijos y futuros nietos porque las recomendaciones maternas hechas durante toda mi niñez, sobre bañarse en un aguacero, se cumplieron, aunque parcialmente.  No me apreté, no hubo crisis de los bronquios, pero pesqué un resfriado que duró una semana. Ahora les quiero decir que vuelvo a hacer la cola y me vuelvo a mojar y todo lo demás con tal de ver ganar a Colombia y cantar el himno nacional en el metropolitano ¡Emocionante! 

martes, 12 de abril de 2016

Se fue la Voz



Falleció Edgar Perea, el Negro, el Campeón. Aunque no lo conocí personalmente, no puedo evitar sentir que su muerte implica el cierre de una época de mi vida. Una etapa en donde escuchar los programas deportivos constituían una buena parte de mi diversión. 
Crecí escuchando las narraciones del Negro en el radio Phillips que tenía mi tío Ñemo en la terraza del patio. Eran los años de Víctor Ephanor, el diablo Caldeira, Hermenegildo Segrera y otros más. Todavía Junior no tenía su primera estrella y al Negro no le habían puesto ninguna sanción por sus imprudencias. Pero ya se vislumbraba todo el éxito que cosecharía. Todavía no aparecía el "qué maravilla" en el canto de los goles de Junior y apenas comenzaba su famoso programa comentando los deportes. Para los que no teníamos edad ni plata para ir al estadio, las impecables narraciones de Perea nos hacían sentir en la tribuna, "Toque por toque así como a usted le gusta, detrás de la pelota" era el lema del Negro y a fe que así era. En el viejo estadio Romelio Martínez su voz era la única voz.  
La fama le llegó más tarde con el famosísimo programa de Caracol La Polémica de los deportes, en donde al lado de Hernan Peláez harían el programa de radio más oído del país sin ninguna duda. Escuché la polémica cada vez que pude, me reí con las ocurrencias del Negro y de Jaime Ortiz, me molesté con las impertinencias de Oscar Rentería, aprobé los centrados comentarios de Wbeimar y Peláez. Eso sí, todo fruto de un libreto diseñado por estos monstruos de la radio. También es cierto que la polémica sin el Negro no tenía sustancia, le faltaba pimienta, pimienta negra.
La fama del Negro desbordó las fronteras, narró todos los grandes torneos del fútbol mundial, series mundiales de béisbol, inolvidables peleas de campeonato, basquetbol y hasta el tour de Francia, narró todo lo que quiso. Pero lo que hace pasar al Negro Edgar Perea Arias a la historia del fútbol y de la radio colombiana fue su pasión y compromiso con la selección Colombia.
Perea había narrado todas las frustradas participaciones de la selección en fases premundialistas hasta que se iniciaron las eliminatorias al mundial de fútbol Italia 90. La inauguración del estadio Metropolitano de Barranquilla hizo que la dirigencia designara a Barranquilla como sede de las eliminatorias. La mayor capacidad del estadio y el sofocante clima de la ciudad  hacían propicia la designación. Pero había un factor adicional, en el Metro, el Negro era el rey. Con mucho tiempo de anticipación Edgar comenzó a convocar a la gente para hacer del Metropolitano un fuerte inexpugnable, "Aquí no nos gana nadie" era su consigna.  
Ecuador, Paraguay y después Israel, por el repechaje, perdieron como lo dijo el Campeón, sin atenuantes. En el estadio, los hinchas conducidos por la fogosa arenga de Perea se convirtieron en una sola y temible voz.
Mientras tanto en el resto del país la narración del Campeón Edgar Perea se escuchaba por la básica de Caracol. Se le bajaba el volumen al televisor y el Negro narraba, una  sola voz, como en el Romelio. 
Paz en tu tumba Edgar.

lunes, 12 de octubre de 2015

El Dr. Jekyll y Mr. Hyde

Hace unos días, al contar que el partido contra el Perú fue difícil, recordé que el seleccionado peruano siempre ha sido complicado para Colombia. Uno de esos partidos que debían quedar para el olvido fue el disputado durante las eliminatorias de Francia 98, un 30 de abril de 1997. Por dos razones no olvido aquella calurosa noche, cuando los peruanos se alzaron con la victoria en el Metropolitano y mis colegas reumatólogos conocieron una faceta de mi pasión por el futbol. La primera razón es que para esos días retornaba a Barranquilla luego de terminar el entrenamiento en la Universidad Nacional de Colombia. Me encontraba en la difícil circunstancia de buscar empleo y viviendo las consecuencias de no tenerlo. Con lo cual no es difícil concluir que las posibilidades de entrar al estadio por vía del presupuesto eran nulas. La segunda razón fue la que me permitió ir al estadio y recordar ese encuentro. 
Resulta que un destacado grupo de reumatólogos del país, encabezado por el entonces presidente de la Asociación Dr. Luis Alberto Ramirez y mis profesores fueron invitados a Barranquilla a ver el partido. Mis profesores, conocedores del gusto que siento por el fútbol, hablaron con los organizadores para invitarme. El solo anuncio produjo en mi corazon los sentimientos más contradictorios. Sin dudas mi mayor anhelo era estar en el estadio, pero asistir con la crema y nata de la Asociación de Reumatologia significaba pasar del anonimato al desprestigio en cuestión de segundos. La razón de esta afirmación se debe a que fuera del estadio soy un tipo relativamente tranquilo pero en la tribuna, puede ocurrir la transformación descrita por Stevenson en el cuento del Dr. Jekyll y Mr Hayde. El cambio es absoluto, grito, miento madres, digo barbaridades soy otro. No me podía dar el lujo de mostrar esa horrible faceta delante de mis nuevos colegas y menos de los profesores. Pero una llamada del hotel Royal, lugar en dónde estaba hospedado el grupo de reumatólogos definió la situación. Me tenían boleta y camiseta, imposible rehusarse.
Llegué a ese estadio haciendo gala de mi mayor silencio. Mientras Perú jugaba bien y Colombia lo hacía con altibajos yo evitaba ver para no despertar al monstruo. Promediando el segundo tiempo el árbitro pitó una falta inexistente, Mr. Hyde no se hizo esperar, un madrazo de proporciones apocalípticas retumbó en la platea de occidental numerada, con tal intensidad que todos quedaron mudos, impávidos, mis colegas descubrían una faceta del hincha insospechada. Para terminar de completar, un mal rechazo de Mondragón es aprovechado por Pereda que remata a puerta con libertad y gol de Perú. Los gritos e improperios no sirvieron, Colombia no levantó cabeza, el partido terminó con una derrota justa que todos olvidaron menos mis colegas y yo al conocer al nuevo Dr. Jekyll.

Llegaron las eliminatorias

Para el fútbol no hay descanso, todavía no queda claro si el gol de Yepes contra Brasil fue lícito o fue anulado para salvar el pellejo de una selección anfitriona sin las cualidades esperadas para sostener un mundial controvertido por donde se mire. Todavía tenemos en la retina el pálido desempeño de nuestra selección en la copa América de este año. Falcao, James y compañía con chispazos de buen fútbol, pero sin la efervescencia del mundial, fueron inferiores para propios y extraños. De otra parte, apenas nos estamos familiarizando con el despegue de los torneos internacionales. Con la participación del mayor número de jugadores colombianos en equipos de alto rendimiento en la historia de nuestro fútbol, esta temporada nos hace estar pendientes de las programaciones televisivas lo que hace difícil salir de casa un fin de semana.
Hago todo este recuento de hechos recientes porque aunque parezca mentira ya empezó la eliminatoria para el mundial ruso del 2018. El fútbol y la FIFA no paran, el negocio es tan bueno que no hay manera de frenarlo. Voy más allá, la percepción es que nadie quiere parar. Ni los jugadores que en otras épocas se quejaban por la falta de descanso debido a los innumerables compromisos deportivos, hoy se escuchan protestar. La verdad es que para los fanáticos del fútbol no hay nada más aburrido que los fines de semana de diciembre y enero en donde lo único que hay relacionado con deportes son refritos de lo ocurrido durante el año, maratones y corridas de toros. La falta de temporada de fútbol, baloncesto, béisbol hacen que una tarde de sábado o domingo sin transmisión deportiva sea más larga que una semana sin carne.
Lo cierto es que la eliminatoria comenzó y ya jugamos el primer partido. Perú parecía un rival fácil, pero el transcurso del partido mostró otra cosa, ganamos con dificultad. Se notó la falta de James y se confirmó que Falcao no está listo. Ahora viene Uruguay, equipo de respeto aunque no jueguen Cavany ni el mordelón de lucho Suarez. La primera fecha dejó para algunos sorpresas que con seguridad se seguirán presentando. Hoy todos los equipos quieren ganar y llegar al fútbol de élite para ganar en dólares o euros.
De manera que pese a las artimañas y dudosos manejos de los directivos de la FIFA hay que aprovechar que tenemos eliminatorias para ver y disfrutar ojala con buen fútbol. 


sábado, 22 de agosto de 2015

Recuerdos futboleros (2)


¿Cuál será la mayor prueba de amor que una mujer pueda ofrecer a un hombre? A la respuesta tradicional se le pueden adicionar alternativas también válidas. En mi caso y tratándose de la persona de quién viene, la respuesta es una sola, viajar a Barranquilla y acompañarme al estadio a ver fútbol.
A Martha Claudia no le gustan las multitudes, el calor le sienta mal y lo más importante poco le gusta el fútbol. Sin embargo y contra todos los pronósticos, aceptó acompañarme al juego de eliminatorias para USA 94 Colombia vs Argentina en el metropolitano de la Arenosa.
Corría el mes de agosto de 1993, mi calurosa Barranquilla recibió a la media noche el vuelo de bajo costo procedente de Bogotá. Venía con las características que identificaban a esa empresa por aquella época, lleno y retrasado.
El taxi tomado en el aeropuerto rompió el récord de infracciones que se pueden cometer en treinta minutos contra el código de tránsito. Llevó sobrecupo, se pasó todos los semáforos en rojo, utilizó vías exclusivas de buses, rompió los límites de velocidad y cobró más de lo estipulado.
A la media noche aún se sentía el impacto de las altas temperaturas, mientras la nevera sudaba, los ruidosos abanicos enviaban ráfagas de aire caliente tratando de aliviar el clima para la cachaca recién llegada. Sin embargo y pese a los preliminares ambientales mencionados la fiesta estaba cantada y comenzaba bien temprano. Ese día el clima de Barranquilla parecía animado por la famosa canción de los hermanos Lebron. La temperatura subiendo y la expectativa nos sacaron de la cama temprano. A las diez de la mañana seis horas antes del inicio del partido ya estábamos en el estadio.
A las once de la mañana el ambiente festivo aumentaba como la espuma de la cerveza, o más bien empujado por el consumo de las rubias no muy frías. Era la primera experiencia de Maruja en un partido de eliminatorias. Se notaba prevenida, cualquier cosa podía pasar.
La cerveza, gaseosas, aguas de todas características tomadas profusamente eran incapaces de controlar la temperatura. La fama climática de la arenosa se cumplía literalmente con todo el rigor. Maruja estaba advertida de lo que pasaría con el aumento de la temperatura. La guerra de agua no se hizo esperar, el primer contacto del agua fría con la piel caliente fue desagradable pero al mismo tiempo reconfortante.
A la una de la tarde, ni el sol ni el ánimo de los asistentes decaía. El estadio con el cupo completo se dejaba llevar por la música de Joe. Para regocijo de todos, la guerra de agua se libraba en todos los frentes del estadio. Maruja totalmente ambientada, participaba activamente del combate acuífero. La caja con los restos óseos de un pollo asado víctima del hambre volaba por los aires del Metro. La música, la guerra de agua y las ocurrencias de los asistentes facilitaron el paso del tiempo, los equipos ya formaban en la cancha.
Cantamos el himno a todo pulmón, la espera terminaba, Martha no se cambiaba por nadie, Argentina y Colombia ya jugaban en el Metro. El resto es historia, los goles de Valencia y Valenciano los gritamos con el alma. La victoria fue sin reproches, alegria total. Solo un hecho empañaba la felicidad, al día siguiente Maruja y yo regresábamos a Bogotá.

jueves, 2 de julio de 2015

Recuerdos futboleros

"Con la edad se recuerdan perfectamente cosas que nunca ocurrieron" esta paradójica frase se la escuché a Don Juan Gossaín cuando hacia algunos comentarios sobre la memoria. Ahora que escribir remembranzas se ha convertido en un agradable pasatiempo, la frase de Don Juan asalta mi pensamiento a todo momento.  No quiero ser tildado de desmemoriado ni que algún recuerdo pierda credibilidad por un dato inexacto. Esta preocupación aumenta cuando se trata de un tema con muchos adeptos como el fútbol. Deporte que apasiona, culpable inobjetable de muchas alegrías, tristezas y no pocas rabias. De manera que decidí escribir una colección de recuerdos ciertos en torno al fútbol, antes de que la edad ejerza su inexorable efecto sobre la memoria.
"En el principio era la radio y la radio estaba con nosotros" Quizás el recuerdo más lejano que tengo es con dos radios Philips. El uno en mi casa y el otro en casa de "Cuya" Illera y "Ñemo" Batlle primos de mi mamá que ejercieron las labores de los abuelos que no tuve.
Del radio de mi casa otro día les cuento porque en ese nunca escuché fútbol. Para aquellos años el fútbol solo se jugaba los domingos y ese día estaba religiosamente consagrado a visitar a doña Cuya. El radio de “Ñemo” ocupaba un puesto de privilegio
en una especie de terraza interna que registraba todo el acontecer de la casa. El Philips de cara blanca semejando una malla con un dial rojo, grande, redondo descansaba sobre una repisa que dominaba la estancia. Desde allí la narración vibrante y acalorada de Edgar “el negro” Perea acompañaba la tarde del domingo.
Para el momento de mis recuerdos ya el "negro" Perea había desbancado de la sintonía al primo Juancho Illera Palacio. La solidaridad con el primo no fue mucha o el "negro" narraba muy bien, lo cierto es que en donde Ñemo les gustaba oír a Perea.

Al instante se me vienen nombres a la cabeza, sin mencionar los años recuerdo a los brasileños Caldeira, Víctor Ephanor, Othon Da cuhna. Nombres sonoros que en la mente infantil quedaron registrados, Hermenegildo Segrera, Arturo Segovia, Heriberto Solis, Jesus el Toto Rubio que era calvo y otros más. La narración de Perea me transportaba al estadio, allí estaba sentado en la gradería, gritando, feliz. A través de los ojos del negro vi a Victor acariciar el balón, poner pases magistrales, driblar en una baldosa y cobrar sus tiros libres letales. Fui criado oyendo fútbol los domingos, sé lo que es imaginar la bola inflando la malla. Sin ofender a la tecnología, humildemente pienso que las jugadas imaginadas al oír una narración serán siempre más bonitas que las vistas en vivo.