Translate
lunes, 18 de octubre de 2021
Calvo y ya
domingo, 3 de octubre de 2021
EL olvido que seremos
Ayer disfruté, gracias a Netflix, la película: El olvido que seremos. La historia de la familia del médico Héctor Abad Gomez.
Me rehusé a leer la novela por la misma razón que sistemáticamente evito libros o películas relacionadas con la violencia colombiana. Para eso están los noticieros y los periódicos, es mi argumento.
No voy a cometer el error de contar la trama del largometraje, que quizá ya todos ustedes conocen o peor aún, la han vivido. Mucho menos voy a ensalzar a los productores por la excelente puesta a punto y el cuidado con los detalles para recrear la Medellin de los años 60 y 70. El reloj de Hector padre y el maletín de Hector hijo, la grabadora, los Renault 4 y 6 que se vieron, en fin, los de producción tienen ganado el Oscar.
Tampoco haré ningún comentario sobre lo valiente que fue el señor Héctor Abad Faciolince y su familia al permitir revivir un episodio tan doloroso de su historia, no voy a cometer esa imprudencia.
Solamente quiero dejar por escrito, consignado que llaman, los sentimientos de frustración, rabia y dolor que me produjeron los hechos magistralmente narrados en la película y que dolorosamente continuan siendo el pan nuestro de cada día.
Sentimientos que me hacen clamar, inútilmente, a los señores dueños de la violencia colombiana, que ya basta. No queremos mas muertos de la izquierda y de la derecha, azules o rojos, de unos y de otros, basta ya de odios y de inquinas, basta ya de desplazamientos, basta ya de terror en los hogares, basta ya…
Hasta cuándo señores dueños de la violencia colombiana, hasta cuándo tanta barbarie y tanta sangre, hasta cuándo…
sábado, 25 de septiembre de 2021
Una rascadita en la espalda
Sin lugar a dudas, las relaciones de pareja pasan por etapas algunas necesarias para su desarrollo y otras que ponen a prueba su estabilidad. Rascarle la espalda a la pareja es uno de esos marcadores que puede indicar la etapa donde se encuentra la relación de pareja.
En el noviazgo la rascada de espalda se practica aun sin ser pedida, se puede acompañar de corte de uñas y de otras actividades que le van dando solidez a la pareja.
Durante los primeros años del matrimonio, la rascadita sale de la espalda para llegar a las piernas y a otras zonas del cuerpo que facilitan poner a punto un encuentro más sustancioso. El final feliz del rascado no tiene que ocurrir siempre, pero una rascadita en la espalda no se debe negar en una pareja joven.
Con el paso de los años y la presencia de la detestable rutina, la mano que rasca va cambiando. Ocurre que la mano aliviadora de la molesta picazón, se cambia por la de las hijas. Una vez papá llama para una rascadita en la espalda, mamá llamará a las hijas, las cuales se pelearan con la madre para rascar a su padre en una clara alusión al complejo de Electra.
El problema es que los complejos de Edipo o de Electra no gozan de la cualidad de los discos de antes, recuerden ustedes que eran llamados de larga duración. No, más pronto de lo que usted se imagina su bello capullito, su hijita adorada, ya está rascando la espalda a un mozalbete de la vecindad perdiendo entonces el interés por rascar la espalda de su padre.
Llega entonces la etapa final de la rascadita en la espalda en las relaciones de pareja. Esto sucede cuando el marido pide a su amada esposa el alivio para el prurito que afecta su espalda. Entonces ella muy condescendiente y tranquila contestará, usando la tercera persona del singular: tome la manito de palo que compré y rásquese en donde quiera.
sábado, 18 de septiembre de 2021
La vejez no viene sola
Mi crianza se desarrolló entre padres más adultos de lo usual. Mi papá recibió el título de padre siendo ya un hombre mayor. Don Camilo pasaba de los cuarenta años cuando decidió formalizar los devaneos amorosos sostenidos con mi madre, quince años menor que él. De manera que fui criado por un hombre ya mayor, para la época, pero con todas las ganas de tener una buena familia.
Mi relación con personas mayores no terminaba con mi padre, desde siempre disfruté de la compañía de los adultos mayores de la familia y de la vecindad. De tal forma y manera que no faltó quien dijo a mi madre que su hijo mayor tenía, desde muy niño, vainas de viejo. Aunque pocas cosas recuerdo del tiempo compartido con los mayores, tengo fresca en mí memoria una frase repetida con frecuencia, incomprendida en aquellos años, pero que ahora dimensiono en su totalidad: la vejez no viene sola.
Desde niño me preguntaba porqué no viene sola? ¿quiénes son los sombríos acompañantes de la vejez? Pues bien, no tardaron en llegar a mi cuenta personal los primeros cuarenta años para comenzar a enterarme del tipo de compañías que vienen con la vejez.
Así es, no termina uno de subir al cuarto piso cuando como por arte de birlibirloque empiezan a desaparecer algunas facultades y a notarse otras dificultades. Sin mediar palabra aparecen los olvidos, la presbicia, la sordera, las cataratas, las dolencias, las disfunciones, los calores, los edemas, la alopecia y con todos ellos y no menos importantes llegan los chequeos, las dietas, las restricciones, pastillas de unas y de otras y peor aún, los miedos.
Sin embargo, la vejez no siempre viene mal acompañada. La experiencia vivida con mi padre mostraba que don Camilo no fue víctima de esas malas compañías que vienen con el envejecimiento. De hecho la tercera edad trae cosas buenas, me puse en la tarea de averiguar aspectos favorables de llegar a la vejez y encontré algunos.
Un beneficio evidente es evitar hacer colas o filas. Aguantarse las temibles y siempre apremiantes colas de la inmigración en el aeropuerto, de los bancos en épocas de cierre o de las insoportables oficinas públicas es patrimonio exclusivo de la juventud.
Otro ejemplo de las ventajas de pintar canas, es que se dispone de tiempo para visitar zonas turísticas en temporada baja, cuando las tarifas son favorables en todos los aspectos del turismo. Los mayores tienen entonces la oportunidad de disfrutar a su ritmo y a costos razonables, de todas las atracciones sin la bulliciosa y entusiasta compañía de los jóvenes.
La pausa y serenidad del adulto mayor es muy útil en esta época de premuras. La tranquilidad que dan los años, permite hacer labores que exigen más concentración con mayor efectividad. En este mismo sentido el consejo de un adulto mayor, signado por la experiencia adquirida con los años, puede ayudar a resolver conflictos sociales de una forma mas efectiva.
También revisé la literatura sobre envejecimiento, para entender cómo mi viejo soportó la apremiante vecindad de la senescencia. Concluí que el ejercicio físico diario, una dieta saludable, pocos vicios y el buen humor permitieron a mi padre paliar los efectos de la vejez y sus acompañantes.
De las costumbres paternas la más difícil de cumplir es la dieta saludable. Nada tan sabroso como los alimentos que suben el colesterol o la glicemia. El acceso a ellos estaba limitado en la juventud por razones económicas y ahora no se pueden degustar por temor a los acompañantes de la vejez y sus consecuencias, que vaina.
Como conclusión de estas lecturas decidí cambiar los acompañantes de mi vejez. Sí, la vejez no viene sola, viene acompañada de mucho deporte, alguna dieta favorable y buen humor, como mi padre.
domingo, 22 de agosto de 2021
Los fotoplásticos
Los entendidos en el área de las ciencias sociales auguran notorios cambios en las preferencias profesionales ejercidas por las nuevas generaciones. Algunos expertos se atreven a vaticinar que aun no se conocen un buen porcentaje de las nuevas profesiones que ejercerán nuestros tataranietos. Las diferencias con nuestra actual visión del mundo se verá también en otras áreas. Un ejemplo de las nuevas circunstancias ya comienza a notarse en nuestra sociedad. Nuestro letrado pelotudo (Andrés López) nos hace caer en la cuenta que las nuevas generaciones y las venideras son todas bonitas. Nuestros descendientes no sabrán lo que significa ser feo, ni siquiera podrán reconocer a uno.
Bueno o malo los culpables de esta situación somos nosotros los tatarabuelos de esas generaciones. Resulta que gracias a la actual tecnología digital cualquier fotografía, toma, video hecho en cualquier escenario, por inapropiado que parezca, sufre un proceso de auditoría de tal magnitud que los editores de Hollywood se quedan en pañales. Cualquier fotico tomada como simple recuerdo de una visita, un cumpleaños, un paseo de olla o cualquier evento, sin que importe su categoría, es revisada a profundidad por todos los participantes en la toma. El objetivo de la auditoria fotográfica es asegurar que el fotógrafo, profesional o amateur, pudo capturar los mejores atributos de los fotografiados. De lo contrario, la toma será repetida tantas veces como sea necesario hasta la completa satisfacción de los participantes en el escenario. La cosa no termina aquí, las fotos que pasen la auditoria inicial serán de todas maneras editadas, para optimizar los atributos favorables y ocultar los desfavorables.
Esta situación no ocurría en los no muy lejanos tiempos de la Kodak. La fotografía se tomaba y así quedaba, no había forma de patalear. En el mejor de los casos, la actual auditoría, que si se hacía, se cumplía a lo sumo 48 horas después del suceso. Eliminar cada fotografía por un ojo mal abierto o una mueca desagradable, capturada a última hora en una foto grupal, resultaba muy complicado. Los costos del material fotográfico y por supuesto lo irrepetible del momento de la toma hacían difícil optar por la eliminación.
Ahora no, los flacos quieren salir acuerpados y bien simpáticos, las gordas quieren salir flacas y sin papada. De manera que ante la demanda por maquillaje fotográfico, surge la necesidad de una nueva profesión, los fotoplásticos, profesionales capaces de hacer de los poco agraciados un portento de belleza.
Ellos y sus congéneres los cirujanos plásticos harán desaparecer los registros de fealdad de la faz de la tierra, es solo cuestión de tiempo.
miércoles, 30 de junio de 2021
Barata felicidad
Conversar hasta que el sueño nos venza, riendo con las mismas anécdotas referidas casi con el mismo orden en que se produjeron. Acompañados por las mismas canciones que inspiraron noches de bohemia. Quiero departir con los vecinos, con la familia, con los amigos del alma, con quien comprenda el significado del verbo departir. Hoy anhelo esos momentos perdidos en las nebulosas del tiempo y de la pandemia. Aquellos momentos en que éramos felices e ingenuos, como acertadamente apunta Claudia. Ingenuos porque creíamos que éramos los dueños de nuestra vida y nuestro futuro.
Hoy cuando un año más cae en mi historia y que ya entiendo que no soy dueño de nada, quiero enviar un mensaje a los amigos, a la familia escogida, a los que son mi verdadera fortuna.
Amigos todos, los quiero invitar a que tomen un momento y aplíquense una dosis de felicidad espontánea. Ya, ahora, sin pensarlo, sin tapujos, disfruten de un momento inesperado de placer, no se van a arrepentir.
Roben un beso a su pareja y ojalá otro poquito más; ve a tu ventana favorita y mira más allá de las torres escuchando la música que te gusta, a todo el volumen que disfrutes. Busquen un momento de felicidad barato, esos son los inolvidables.
Gracias por acordarse de este amigo que los quiere y que anhela su momento de felicidad conversando con ustedes.
domingo, 30 de mayo de 2021
Enseñanza
Los primeros rayos del sol me descubrieron pensando, cómo no, en la situación que vive el país. No se ve una salida al espiral de violencia, la válida protesta es aprovechada por anarquistas para incendiar al aparato productivo, comienzo a perder la esperanza. En esas estaba cuando el agudo timbre del celular me sacó de las cavilaciones apocalípticas producidas por el gobierno y sus opositores. Me asusté un poco, eran las 6:00 am, a esa hora solamente llama Piter y hoy no fue la excepción. El objetivo de la llamada era invitarme a dar una vuelta en bicicleta. Acepté, nos encontraríamos unos minutos después.
La pandemia me tenía alejado del ciclismo. Un rápido mantenimiento a la bicicleta y listo, nos fuimos a dar una vuelta. Escogimos el bellísimo malecón como lugar para hacer el entrenamiento. El tiempo ocupado en el mantenimiento nos retrasó el inicio de la vuelta, pero un clima fresco acompañó los veinte kilómetros finalmente recorridos. Regresamos a casa comentando el tema de estos días, la pérdida de la confianza en las instituciones y sus protagonistas.
Al entrar a la casa noté inmediatamente que no tenia la billetera. La usé para pagar el mantenimiento. Debía estar allí, tomé el carro y salí para el lugar en donde hice los arreglos. La persona que me atendió me recordaba, con ansiedad pregunté si había encontrado mi cartera. Nada, no estaba. Desconsolado regresé a casa, recorrer los veinte kilómetros para buscar en el piso me parecía un esfuerzo inútil.
Martha insistió, la peor diligencia es la que no se hace. El que se encuentre la billetera saca la plata y bota los papeles, pensaba.
Volví a hacer el recorrido, por la hora, habían más autos y gente en la calle. A la desesperanza producida por la situación del país se sumaba la perdida de la billetera.
Llegué al malecón, en la primera entrada el guardia dormía plácidamente. No dije nada, despertarlo no tenía sentido, transité la vía sin mayor interés. Ya tenia que llamar al banco para bloquear las tarjetas. No lo hice por la esperanza de encontrarla.
En la segunda entrada sí estaban trabajando, me acerqué al agente de policía de turno, refiriendo lo ocurrido. Parecía que me esperaban, se acercaron los vigilantes, ellos tenían una historia para contar. Al llegar a las siete de la mañana un señor y un niño se acercaron al puesto de control. El señor entregó al líder del grupo una billetera encontrada en la calle. Enfático mencionó la cifra en efectivo contenida, ciento setenta mil pesos, dos tarjetas y los papeles de identificación.
Los vigilantes la guardaron siguiendo el requerimiento del señor. Este de la mano del niño se alejo sin mediar otra palabra.
Mi billetera estaba igual que siempre, el dinero, las tarjetas, los papeles, todo, salvo por una cosa, hoy la billetera portaba un elemento adicional, tenía esperanza.


