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domingo, 16 de agosto de 2020

El sentido del tacto

Durante estos meses de pandemia, la tecnología ha servido para mitigar las restricciones impuestas para evitar el contagio viral. El rápido crecimiento de la virtualidad nos ha permitido, gracias a los sentidos de la visión y la audición, mantener el contacto social y laboral necesario para sostener el “statu quo” de “nuestra pobre humanidad agobiada y doliente”. Con los elementos tecnológicos disponibles podemos, desde el seguro y resguardado hogar, ver y oír a los familiares y amigos localizados fuera del ámbito hogareño y mantener en algunos casos la actividad laboral. La virtualidad se usa para todo, tramites bancarios, festejar cumpleaños, participar en misas de difuntos, bodas, reuniones laborales, hasta deportes se pueden practicar, casi todo se puede hacer virtualmente.

Sin embargo, algo hace falta para comunicarse de manera adecuada y total. No es suficiente con enviar mensajes cargados de muchos decibeles audibles en toda la comarca. Tampoco basta con enviar imágenes de altísima resolución visibles desde cualquier ángulo. Los sobrevalorados sentidos de la visión y audición se quedan cortos cuando se trata de tener una comunicación completa.  

La comunicación visual o auditiva se consolida con un sentido un poco menos valorado, pero tan importante como los otros cinco. La comunicación efectiva se concreta con el sentido del tacto. Este sentido se produce por el estímulo de unos importantes receptores localizados en nuestro órgano mas grande, la piel. Unas manos que se estrechan de manera vigorosa con un seguro cruce de miradas confirman un buen convenio. Un abrazo en donde se perciben las formas y el calor de la otra persona, aseguran que hay afecto entre los que se abrazan; el contacto rápido y coqueto de las mejillas acompañado de una sonrisa cómplice, auguran un próximo encuentro o un beso húmedo y profundo garantizan una relación más intensa en los próximos minutos. No lo duden, el sentido del tacto sella y da el aval a la comunicación visual y auditiva. Tacto, eso es lo que le falta a la virtualidad para ser perfecta. 



viernes, 15 de mayo de 2020

La virtualidad

El inicio de un nuevo siglo, de una nueva era, no ocurre simplemente con el cambio en las fechas del calendario. Los hitos, ocurridos durante el camino transitado por la humanidad, son los encargados de marcar el verdadero inicio y final de las etapas de nuestra historia. No cabe ninguna duda que la pandemia producida por el COVID 19 y sus consecuencias, se constituye en el hito marcador del verdadero cierre del siglo XX y del inicio operativo del siglo XXI. Una consecuencia de esta pandemia, convertida en hito modificador de la historia, es el advenimiento forzado de la virtualidad.
En una entrevista reciente la ministra de educación colombiana puntualizó, “la virtualidad llegó para quedarse” Está claro, la virtualidad irrumpió en gran parte de las actividades económicas y cotidianas; entró de lleno en la educación, en la salud, en el comercio, en todo. Sin embargo, ante este hecho que parece inexorable, debo manifestar mis reparos antes de olvidar como era que vivíamos cuando el COVID y la virtualidad eran solo parte de las películas.
Es prudente dejar muy claro que el desarrollo tecnológico tarde o temprano nos llevaría a asumir la virtualidad como un avance en la forma de vida del humano del siglo XXI. Una virtualidad asumida por pasos, pulida, respetuosa de los tiempos del proceso. Pero no, así no fue, la temida pandemia precipitó las cosas para todo y todos. La situación de confinamiento y la necesidad de resolver el problema nos llevó a tener que hacer un uso permanente de la virtualidad. El problema se presenta cuando la premura afecta un aspecto fundamental en todo desarrollo, la gradualidad, esa que permite pulir los defectos, identificar los errores; la que afina, la que da el perfecto acabado.
Hoy, por las circunstancias de todos conocidas, la virtualidad se asumió sobre la marcha, sin saber cómo ni por dónde. Se programan charlas, encuentros, conferencias sin discriminación. Todo se quiere resolver con virtualidad sin haber resuelto previamente aspectos como la disponibilidad de tecnologías. Un alto porcentaje de la población no tiene los elementos tecnológicos o de comunicación necesarios para recibir clases o atender consultas virtuales.
El tiempo de las personas y de las familias tampoco se toma en cuenta; se supone erróneamente que al estar confinados y con algún elemento tecnológico a la mano es fácil programar actividades a horas que sin virtualidad y confinamiento serían totalmente improcedentes. Estar en casa con un computador a la mano no significa que estemos todo el tiempo disponibles para los menesteres electrónicos. Actividades no virtuales como el ejercicio, la lectura, las relaciones familiares, el descanso y muchas otras también requieren tiempo para ejecutarlas y se debe respetar. El equilibrio es importante y necesario, la virtualidad en la vida es un progreso esperado, pero tecnología para tener una “vida virtual” seria la peor consecuencia de esta pandemia.