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viernes, 2 de abril de 2021

Pseudo-COVID

La pandemia se multiplica, el dichoso virus es responsable no solo de la afección pulmonar, articular, daño renal, enfermedad cerebro vascular y otras complicaciones ya conocidas. Ahora, como consecuencia de la ansiedad producida por el temor al contagio se esta describiendo otra enfermedad, no tan mortífica como el COVID-19, pero casi tan molesta, es el pseudo-COVID. 

Esta manifestación se presenta cuando las personas se enteran del contagio de algún conocido, con quien de pronto se tuvo contacto. También ocurre cuando informan del estado de algún personaje que por la enfermedad ha sido hospitalizado con requerimiento de cuidado intensivo, entonces empezamos a sentir los síntomas del virus en nuestro cuerpo. 

Sensación de fiebre, dolor de garganta, dolor en el cuerpo, dolor de cabeza, todas las manifestaciones descritas son percibidas con tal magnitud que las personas se sienten realmente enfermas. Entonces comienza la cascada de eventos, se consultan a los amigos que ya han padecido la enfermedad o a google o a todo aquel que recomiende algo “efectivo”. Se toman todos los corticoides, antibióticos, ivermectina, aspirina, anticoagulantes, colchicina disponibles. Hacen todas las automedicaciones que en otra ocasión el paciente jamás se tomaría. Se toman pruebas de isopado laringeo, se hacen radiografías, tomografías, exámenes de unos y de otros, mejor dicho el caos total. 

En el último número de la revista de la facultad de medicina de la Universidad Nacional el Dr. Franklin Escobar y su grupo traen un interesante informe sobre esta manifestación mental de la pandemia por SARS-COV-2. Nos recuerdan los autores que cuando la epidemia de SIDA también se observaron estas complicaciones mentales asociadas a la ansiedad producida por el embate de la infección1.   

Los  médicos no estamos ajenos a esta situación, debido a nuestra natural exposición a la patología, es muy frecuente que creamos que estamos contagiados sin estarlo. También ocurre que confundamos otros episodios virales con los del COVID-19. Durante este año de pandemia yo he tenido dos episodios virales que he confundido con una infección por SARS. Por supuesto también hemos tomado toda clase de medicamentos, el Redoxon y la vitamina D se venden como pan caliente por culpa del virus y ahora por el pseudo-COVID.

Todos estos hechos son comprensibles, estamos ante un enemigo de muchas caras. Por eso, mientras llegan las vacunas y también después de ellas, no olvidemos que lo más seguro es cumplir con los mandamientos anti-COVID: Tapabocas - Lavado de manos – distanciamiento social.


  1. https://doi.org/10.15446/revfacmed.v69n1.91032

domingo, 13 de diciembre de 2020

Las dolencias de la pandemia

Sin lugar a duda esta pandemia y sus consecuencias son un hito que marcará para siempre la historia de la humanidad. No creo exagerar al mencionar que en todos los niveles del conocimiento los efectos del virus se han hecho sentir de alguna manera. Como deben suponer la reumatología también resultó impactada por el virus de marras, la consulta está literalmente desbordada.
Los reumatólogos tenemos amplia experiencia en las manifestaciones reumáticas producidas por las patologías virales. Basta solo recordar que hace unos cinco años Latinoamérica vivía la epidemia producida por el Chicungunya y que el virus del dengue es epidémico en nuestra región. Investigando los efectos articulares del SARS-COV-2 me llamó la atención que no se esperaba tanto compromiso articular con este tipo de infección. Entonces, ¿cómo explicar este desmedido incremento en los síntomas articulares asociados con la pandemia?
La observación y el interrogatorio a mis pacientes me llevó a concluir que el empeoramiento no solamente es causado por el COVID-19. Varias semanas interrogando pacientes me llevaron a la siguiente conclusión: las dolencias no son por exceso de virus, son por falta de asistente.
Así es, las amas de casa decidieron acoger todas las medidas recomendadas por las autoridades sanitarias para cumplir con la cuarentena. En todos los hogares se inicio una lucha sin cuartel contra el virus, se adoptaron medidas que nunca se habían puesto en práctica como por ejemplo lavar el mercado, aplicar sustancias desinfectantes a todo lo que entra a la casa, en fin, el trabajo en los hogares se aumentó sustancialmente; con un agravante las “muchachas” del servicio también fueron despachadas para sus casas como otra medida preventiva.
Las muchachas, mucamas, criadas, doncellas o como ustedes las quieran llamar no estaban para asumir ese trabajo. El llamado servicio doméstico, último rezago de la sociedad esclavista de los siglos pasados, es de tal importancia en nuestra sociedad que alguna vez, a un prestigioso abogado barranquillero, le escuché una frase concluyente, “la estabilidad del matrimonio la produce una buena muchacha de servicio”
He pensado en toda clase de medidas para ayudar a mis pacientes con sus dolores. Está clarísimo que los analgésicos tradicionales, las terapias físicas, dietas, vitaminas y un largo etcétera no son suficientes. La primera medida que se me ocurrió fue disminuir la carga laboral compartiendo el trabajo con los maridos. Esta propuesta fue desechada rápidamente, los maridos son peores pacientes y se quejan más que las señoras. Otra alternativa fue recurrir al servicio a domicilio de los restaurantes. También fue descartada por costosa y en ocasiones insegura.
Se me acaban las opciones, va a tocar pedir ayuda celestial. Voy a rezar un novenario a santa Zita de Lucca, patrona de las muchachas del servicio. Pediré fervorosamente su ayuda para que el tratamiento de las recién llegadas al gremio sea efectivo.